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Microfinanzas


Alianza para masificar las microfinanzas rurales: el caso de BRDE

Financiar la agricultura requiere de estrategias que impliquen un acercamiento más intensivo hacia el campo, lo que genera costos adicionales que, sin embargo, se pueden reducir con convenios de uso de estructuras ya existentes. Conozcamos la experiencia del BRDE, de Brasil.

Una de las trabas con que se topó el Banco Regional de Desenvolvimento do Extremo Sul (BRDE), de Brasil, a la hora de acercarse a los agricultores para facilitarles operaciones de financiamiento fue el levado costo que suponía crear nueva infraestructura (con su respectiva logística) para la atención de este segmento (sin acceso al crédito).

Lo que hizo, entonces, fue desarrollar un programa de convenios que le permitió utilizar estructuras ya existentes, externas a él, posibilitando que a través de la red de las cooperativas actúe en prácticamente todos los municipios de la región Sur, ámbito de actuación del banco.

La operación de este programa ha potenciado la misión del BRDE de promover y liderar el desarrollo económico y social a través del planeamiento y del apoyo técnico, institucional y crediticio de largo plazo.

La agricultura familiar en Brasil
Según información del Ministerio de Desarrollo Agrario de Brasil, la agricultura familiar es responsable de cerca del 10% del Producto Interno Bruto, participa con el 50% de la producción de alimentos que llegan a la mesa de las familias brasileñas y representa más del 85% del total de los establecimientos rurales del país.

En la región sur de Brasil, zona de influencia del BRDE, la participación de ese segmento es aún mayor al 90,5 % de las 907,6 mil propiedades de la región que caen en la categoría de agricultura familiar y participan con cerca del 57% de la producción local de alimentos.

Estos establecimientos son responsables por una producción agropecuaria diversificada, proveedora de productos finales y también de insumos para la industria alimentaria. Entre otros cultivos la región sur se destaca por la producción de soya, mijo, arroz y también por la crianza de cerdos, aves, ganadería de leche y de carne.

A pesar de la importancia de la agricultura familiar, apenas el 12,6% de esas propiedades agrícolas tiene acceso al crédito rural aplicado en la región. Asimismo, aunque el ámbito de actuación del BRDE sea más amplio, pues actúa en los sectores primario, secundario y terciario, percibió que esto era un desafío a ser enfrentado. Por ello, a mediados de la década del 90, le confirió prioridad al apoyo del segmento agropecuario y, en especial, a la agricultura familiar.

El gran desafío del banco era masificar el crédito para promover el desarrollo y generar renta para el agricultor. Sin embargo, se enfrentaba a una fuerte restricción, ya que contaba con un equipo reducido de colaboradores y sus agencias se localizaban en las capitales de los estados, lejos del medio rural. Eran necesarias nuevas formas de actuación y soluciones que tuviesen resultados en el corto plazo.

Programa de convenios de cooperación
Al buscar formatos que posibilitaran la atención de un número mayor de clientes, el banco identificó a las Cooperativas de Productores Rurales como una vía facilitadora para aproximar el financiamiento a los pequeños agricultores.

Mediante acuerdos operacionales (convenios de cooperación) con cooperativas de crédito rural, cooperativas de producción y empresas integradoras –grandes empresas compradoras de la producción de la agricultura familiar– el BRDE viabilizó la distribución de pequeños créditos de fomento para este segmento.

Con estas alianzas el Banco pasó a contar con verdaderos puestos de atención en cada uno de los más de 900 municipios cubiertos por los sistemas de cooperativas de los tres Estados de la región Sur, en un universo de un total de 1,088 municipios. En otras palabras, llegó a tener cobertura en el ámbito rural en el 83% de estos gobiernos locales.

Informatizadas y con funcionarios entrenados, las cooperativas pudieron agilizar el proceso de repase de los recursos, atendiendo al productor rural en su propio lugar de trabajo sin tener que abandonar el mismo para gestionar un crédito.

Gracias a estos convenios con las cooperativas era posible vencer el desafío de captar y facilitar al mayor número de agricultores familiares el acceso al crédito, cuya atención se realizaba con buenas prácticas de financiamiento.

Los convenios de cooperación, que pueden ser técnicos como operacionales, buscan formalizar la relación del BRDE con las cooperativas de crédito, cooperativas de producción y empresas integradoras a fin de facilitar o viabilizar operaciones de financiamiento a los agricultores familiares.

Características de los convenios
La implantación del programa de convenios fue una innovación en el banco al utilizar estructuras ya existentes, externas a él, posibilitando que a través de la red de las cooperativas actúe en prácticamente todos los municipios de la región Sur.

Además, los vínculos previos del agricultor con la cooperativa ayudaron a facilitar el acceso a una serie de informaciones, aproximar al pequeño agricultor al crédito y superar barreras que en otros momentos parecían infranqueables para el banco.

Los convenios pueden asumir diferentes formas, cada cual incluye un conjunto de particularidades:
Independientemente del tipo de convenio establecido, el proceso operacional funciona de la manera siguiente: Resultados esperados
Con la puesta en práctica de los convenios, los beneficiarios fueron los agricultores familiares que ahora pueden tener acceso a los recursos de los diversos programas gubernamentales, como por ejemplo el Programa Nacional de Fortalecimiento de la Agricultura Familiar (PRONAF), el Programa de Estímulo a la Producción Agropecuaria Sustentable (PRODUSA), Programa de Modernización de la Agricultura y Conservación de Recursos Naturales (MODERAGRO), entre otros.

Entre los resultados esperados por parte de la política agrícola brasileña se pueden mencionar la ampliación y calificación de los servicios de asistencia técnica y extensión rural, los nuevos estímulos a la diversificación productiva y la protección del ambiente, que se traducen, en última instancia, en generación de renta para la agricultura familiar y el aumento de su producción.

Para el pequeño agricultor, los convenios representaron una revolución en el modo de obtener un crédito. En 2008, 90,6% de los clientes del banco eran productores rurales, vinculados mayormente con la agricultura familiar. Además, el 94% de las operaciones aprobadas se dirigieron al sector agropecuario.

El número anual de operaciones en beneficio de la agricultura familiar se incrementó de 543 financiamientos en 2000, a 4,130 financiamientos en el 2008 (cerca de 8 veces más), aumentando el valor contratado de R$ 5 millones para R$ 56 millones (11 veces más).

Los convenios operacionales permiten al BRDE actuar junto a agricultores familiares, ampliando la cantidad de créditos tanto geográficamente como en relación con los valores individuales de financiamiento.

De 2000 a 2008, el BRDE financió, a través de este tipo de convenios, por un monto de R$ 884.9 millones, correspondiente a 46,721 operaciones, por montos promedio de R$ 18,940.15.

Así, las contrataciones realizadas por intermedio de las cooperativas de crédito, de producción y empresas integradoras muestran un expresivo crecimiento, tanto en número de operaciones como en valor total contratado.

Conclusiones
  • El Programa de Convenios de Cooperación permitió la ampliación de los canales de distribución de los recursos del BRDE, generando más desarrollo y viabilizando el acceso al crédito a más de 46 mil agricultores familiares en sus diez años de existencia. Sin esta forma de actuación del BRDE la cobertura de financiamiento a la agricultora familiar seria mucho menor, y hubiese tenido un perfil muy parecido al observado a finales de los noventa, cuando las operaciones se concentraban en las áreas urbanas y en actividades del sector secundario.
  • El crédito rural en la vida de los pequeños productores tiene un papel fundamental. El acceso al crédito, ofrecido por el BRDE e intermediado por las cooperativas, viene transformando la escena en el campo. La agricultura familiar ya puede ser encarada como una mejor y más económica opción para la generación de empleos productivos para el desarrollo de la sociedad brasileña. En conjunto con las cooperativas, el agricultor familiar ahora discute sus problemas e identifica alternativas, a partir de sus propias experiencias, necesidades y prioridades.
  • A través de los financiamientos disponibles, la producción proveniente de la agricultura familiar es capaz de lograr un salto cuantitativo y tecnológico. El acceso del agricultor al crédito fue imprescindible para impulsar aspectos tales como: mejora de la producción, profesionalización y organización.
  • La capitalización del sector agropecuario y una mejor distribución del financiamiento hacen posible enfrentar los desafíos existentes, esto es: la organización del hombre y su familia para la producción en escala, la transformación de la producción para incrementar el valor de los productos, y el consecuente aumento de los ingresos del agricultor en el espacio rural.
  • El impacto de los beneficios puede ser percibido tanto en el interior como en las ciudades. El incremento de la producción como resultado del acceso al financiamiento garantiza el mantenimiento de los puestos de trabajo en las granjas agrícolas y evita la migración a los centros urbanos. Asimismo, las tasas de interés se reducen y se alargan los plazos de pago, permitiendo al trabajador del campo, individualmente u organizados en grupos, repensar su visón respecto a su actividad agrícola y rural, buscar calidad y productividad, conquistar nuevos mercados y ampliar sus opciones de renta.
  • Un sinnúmero de pequeños productores de la Región Sur ya forma parte de la revolución generada por el acceso más fácil al crédito rural.
  • El proyecto es factible de replicarse allí donde exista un ambiente institucional favorable como el encontrado en la Región Sur de Brasil, donde están presentes un sinnúmero de cooperativas, sean de crédito o de producción, compartiendo obligaciones, tareas e ingresos.
Acerca del BRDE
El Banco Regional de Desenvolvimento do Extremo Sul (BRDE) es una institución financiera pública de fomento que integra los Estados do Rio Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná.

El banco se creó en 1961, cuando los gobernadores de los tres Estados decidieron instituir un consejo político para investigar y armonizar las iniciativas de desarrollo, y crear un banco de desarrollo con actuación regional para apoyar las inversiones en la región. El propósito básico del BRDE es facilitar crédito de largo plazo para el desarrollo económico regional.

Organizado como autarquía interestatal, el Banco cuenta con autonomía administrativa y personalidad jurídica propias, con capital en partes iguales entre los Estados-Miembros, que son subsidiariamente responsables por sus obligaciones.

Con sede y agencia en Porto Alegre, capital del Estado do Rio Grande do Sul, también posee agencias en Florianópolis, capital del Estado de Santa Catarina y Curitiba, capital del Estado de Paraná y desde 2009 también opera en el Estado do Mato Grosso do Sul, a través de oficinas en Campo Grande.
 

 

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