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Financiamiento agrícola y rural

Seguros agropecuarios catastróficos para bancos de desarrollo

En los últimos años, los fenómenos climáticos han tenido mayor intensidad, lo cual hace necesario el aseguramiento del sector agrícola para aminorar el impacto. ALIDE y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) organizaron el 6 de noviembre de 2015, en Lima, Perú, un seminario que se enfocó en este tema. Aquí exponemos algunas experiencias compartidas en el encuentro.

El mercado de seguros agrícolas en la región aún es poco desarrollado. A nivel mundial, EE.UU., Canadá y China concentran el 75% de las primas (de un total de US$ 25,000 millones); mientras que en América Latina y el Caribe (ALC), el 5%. Ello se refleja en la escasa superficie cultivada asegurada (17%) y la elevada concentración de primas comercializadas (90%), en tres países: Argentina (US$ 260 millones), Brasil (US$ 462 millones) y México (US$ 469 millones), países que cuentan con programas subsidiados por el sector público. En las últimas décadas, los fenómenos climáticos han tenido mayor intensidad, lo cual hace necesario el aseguramiento del sector agrícola, en especial de los pequeños y medianos productores, para aminorar el impacto. A pesar de ello, muchos agricultores no acceden a uno, ya sea porque son limitados o cuentan con altos costos de primas. Ante esta realidad, el seguro agropecuario a base de indexados se vuelve una alternativa interesante, así como una herramienta para la inclusión crediticia.

El seguro agropecuario está vinculado a un índice correlacionado con los rendimientos locales, donde los contratos se suscriben contra riesgos relacionados a fenómenos meteorológicos (pérdida de cosechas, animales o infraestructura por sequías, inviernos extremos, huracanes, etc.), que se definen y registran a nivel regional. Pueden ser contratados por los diferentes estratos de la sociedad: a nivel “micro” por los pequeños agricultores, parecido a un microseguro; a nivel “meso” por proveedores de préstamos a los pequeños agricultores (bancos agrícolas, IMF, calificadoras de riesgo agrícola, etc.); o a nivel “macro” por los propios gobiernos nacionales o subnacionales. El pago de compensaciones se activa por patrones especificados previamente en el índice, que elimina la necesidad de evaluaciones in situ. Además, facilita el reaseguramiento del producto ya que se basa en un índice independiente y verificable y permite que las aseguradoras transfieran parte de su riesgo a los mercados internacionales.

Entre la principal ventaja de este seguro, está su apoyo a la evaluación y administración del riesgo crediticio. Así, cada vez que se concede un préstamo agrícola, el banco asume riesgos sistémicos y no idiosincráticos, ya sean climáticos o en relación a la variación de los precios de los productos, que afectan simultáneamente a un gran número de agricultores prestatarios y, por lo tanto, no se pueden diversificar en la cartera de préstamos agrícolas del banco. Caso contrario, si un banco fuese a realizar una fuerte inversión en créditos no asegurados a pequeños agricultores, se experimentaría tasas acumuladas de incumplimiento que podrían amenazar su solvencia.

Por ello, el buen diseño de un esquema de este tipo de seguro ayudaría a los bancos a manejar de manera más eficiente los riesgos sistémicos inherentes a sus carteras de crédito agrícola, les permitiría bajar sus tasas de interés, aumentar el acceso al crédito, reduciría a gran escala el riesgo de déficit de liquidez de los bancos, que podría resultar en insolvencia o imposición de un financiamiento externo elevado.

A pesar de las ventajas, aún no se sabe cómo integrar de manera adecuada los seguros por índices a nivel meso en las prácticas de gestión de riesgo y de préstamos agrícolas de un banco. Probablemente, el método más directo y eficaz sea que el banco adopte un enfoque holístico para la gestión de riesgos, en lugar del enfoque tradicional de prevención; por el cual la mayoría de los bancos se inclina; sin embargo los pequeños agricultores no ven beneficio en esta gestión. Ante ello, se está utilizando en el mundo “los seguros por índices para crear contratos contingentes”.

Los seguros por índices a nivel meso no son una panacea para los bancos de desarrollo ya que tienen limitaciones si no se diseñan apropiadamente, no facilitan el monitoreo detenido de los flujos de efectivo de las carteras de créditos agrícolas de los prestamistas, pueden llegar a ser costosos. Así, el óptimo diseño del seguro por índices y la mejor estrategia para incorporarlo en las prácticas de préstamos del banco variará dependiendo del país, región, prácticas agrícolas, limitaciones legales, y prácticas establecidas del prestamista.

En los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA)- Banco de México, el crédito y el seguro están vinculados ya que obligatoriamente se debe realizar una contratación de uno en todos los créditos fondeados por intermediarios financieros (IF) no bancarios y en todas las operaciones de factoraje. En el caso de FIRA, es necesario en todos los créditos en los que preste el servicio de garantías superior al 50% o en trabajos con fondeo y/o garantía. De esta manera, si la oferta del seguro, queda “incorporada” a la oferta del crédito, el alcance de la cobertura del seguro será el mismo que la del crédito. La condición es que contemple los mismos cultivos, zonas, modalidades, ciclos, etc.; que los considerados en los criterios de autorización de un crédito.

A pesar de ello, FIRA considera que el seguro indexado podría generar una brecha de cobertura por incompatibilidad de diseño, para lo cual se debería relacionar cada riesgo individual a una unidad de medición para su comparación o aplicar un índice personalizado. Así también, una desventaja de este seguro, es la limitación de los riesgos cubiertos, para lo cual sería ideal contar con una póliza a “todo riesgo” o por lo menos todos los riesgos climatológicos o, en su defecto, aplicar un método paramétrico de suscripción asociado al proceso de crédito y ligado a una capacidad automática de seguro por parte de la compañía otorgante de la póliza.

Otras opciones a un seguro indexado serían: 1) contar con un seguro multiriesgo climatológico que ampare la totalidad de los riesgos con potencial de afectación de la producción con ajuste directo en campo; 2) aplicar un procedimiento paramétrico de suscripción aplicable por parte de los IF; 3) costear una tarifa aplicable por cultivo, ciclo y región para que el precio total de la póliza tenga absoluta certeza para al productor; y 4) integrar toda la cartera suscrita a través de los diferentes IF en una sola cartera de suscripción de seguros que permita contar con la mejor dispersión geográfica y de cultivos que pueda acotar la totalidad de la cartera de FIRA.

En cuanto a la situación de Costa Rica y Paraguay, la política pública para la gestión de riesgos agropecuarios no está claramente definida y no se visualiza una relación públicoprivada encaminada a promover esta herramienta. En Costa Rica, el Banco Nacional, no cuenta con un seguro agropecuario a base de índices, pero está interesado en implementarlo. En Paraguay, se habilitaron planes de seguros agrícolas pero no todos han sido activados en su oferta. Así, de los 26 planes de seguros habilitados que se ofrecen comercialmente, 16 corresponden a seguros multiriesgo; 8 a seguros nominados, uno a microseguro agrícola y uno a seguro por índices, que no está activo.

En Chile, se utiliza el seguro agrícola como instrumento de política pública necesario para cubrir daños o eventos naturales propios de la actividad agrícola. El instrumento a cargo de Agroseguros, consiste en la entrega de un subsidio para la contratación del seguro por parte de los agricultores, que es operado por compañías aseguradoras y donde el Estado no se compromete con ninguna parte del riesgo pero si participa en el cofinanciamiento de las primas, orienta y define a qué cultivo se entrega el subsidio. Las aseguradoras gestionan las pólizas de seguro utilizando generalmente a instituciones financieras públicas y privadas, quienes operan con el apoyo de corredores de seguros que facilitan la articulación entre los agricultores y las aseguradoras. Así, el banco calcula el costo de la prima, el costo del seguro, cobra sólo el porcentaje de la prima que le corresponde pagar al agricultor y posteriormente la aseguradora solicita el pago del subsidio a Agroseguros. En la actualidad solo el 10% de los agricultores contratan el seguro en su mayoría clientes de Instituto Nacional de Desarrollo Agropecuario, que corresponde a poco más del 6% de la superficie, con un 4% de la producción.

Si bien es cierto, se han logrado avances en materia del desarrollo de productos, todavía no se tienen alcances significativos en materia de reducción de la pobreza, lo cual lleva a replantear el enfoque adoptado sobre el diseño de este seguro; y es que en los países en desarrollo, generalmente, se comete el error de buscar la solución en un producto y no se considera todo el sistema en su conjunto. Dado que cada producto de seguro agrario requiere un marco adecuado, tanto conceptual como institucional, es esencial seguir un enfoque dirigido al sistema agrario en particular antes de determinar cuáles son los productos de seguro idóneos.

Los elementos que configuran un enfoque sobre el sistema demandan una cooperación estrecha entre bancos y aseguradoras, tanto en visión como en estrategias de negocio por medio de un enfoque cooperativo y canales de distribución eficientes. Asimismo, precisa la vinculación del crédito y seguro, que demanda una negociación sobre sus condiciones, donde se define si se opta entre productos a nivel individual o meso y a nivel micro, a pesar que ofrecen mayor potencial debido a su sencillez y exactitud. A nivel meso, por ejemplo, cuando se cubre una cartera de crédito para cultivos o una cooperativa, son viables tanto los índices de rendimiento regional como los índices meteorológicos. La cobertura de una cartera de crédito podría estructurarse sobre la base de un doble índice, uno que revela la tasa de incumplimiento de crédito (por ejemplo, superior al 20%) y otro para el rendimiento regional obtenido. La ventaja que ofrece el enfoque meso es la agrupación de los riesgos básicos; sin embargo, todavía queda por resolver el problema de la indemnización entre los respectivos beneficiarios, tema de suma importancia que se debe tratar en el acuerdo sobre el seguro.

En esa línea de ideas, a inicios de 2013, el Banco Agropecuario (AGROBANCO), de Perú, firmó un convenio con La Positiva Seguros, que beneficia a los clientes del banco con un seguro agrícola que los protege ante las pérdidas de sus cultivos por causas climáticas. La Positiva Seguros, a partir de su experiencia con el seguro agrícola catastrófico para agricultores de subsistencia (100% subsidiado por el Estado), decidió poner a disposición de los pequeños y medianos agricultores, un seguro agrícola comercial, una iniciativa enteramente privada y sin subsidios, ofrecida a través de las IF que otorgan créditos agropecuarios. El seguro se activa cuando las pérdidas sobrepasan 50% del rendimiento promedio del cultivo en la zona donde opera el agricultor. En caso de siniestro, con el seguro se paga el saldo del crédito al IF y el monto remanente se deposita en la cuenta del productor lo que le permite reactivar su producción y continuar con su actividad agrícola.

El trabajo en conjunto con AGROBANCO hizo posible el levantamiento en el campo de la información meteorológica y del nivel de tecnificación agrícola, lo que permitió verificar los rendimientos promedios para cada cultivo por zona. De esta experiencia se desprenden valiosas conclusiones: el hecho de relacionar el crédito con el seguro, así como la decisión como política de AGROBANCO de ofrecerlo, han sido los catalizadores del crecimiento en la colocación de este seguro; la fijación de una sola prima, muy aparte del tipo de cultivo y la zona geográfica, facilitó tanto la venta como el entendimiento del producto por parte de los beneficiarios.

Hasta setiembre 2015, se aseguró casi 64 mil hectáreas, por un monto de US$ 135.5 millones, la prima total alcanza los US$ 4.48 millones. AGROBANCO, en el marco de este convenio, ha financiado en el Perú, más de 19 mil créditos con seguro agrícola, con una inversión asegurada de unos US$ 98 millones, con pólizas que cubren la inversión en 48 mil hectáreas de diversos cultivos.

Los desafíos que enfrenta ALC para el desarrollo del mercado de seguros agrícolas son diversos: 1) el nivel de productividad y rentabilidad de la explotación agrícola, 2) la falta de información climática y productiva; 3) altos costos de transacción: operativos (peritaje, canales de distribución); 4) educación financiera: los productores conocen poco acerca de los seguros; 5) pocas empresas de seguros especializadas en riesgos climáticos; 6) el escaso acceso al reaseguro y el elevado costo del mismo; 7) la inadecuada regulación y supervisión del mercado de seguros (solvencia y protección del asegurado); y 8) en muchos casos la falta de una política pública en este tema.

En consecuencia es clave para desarrollar la capacidad institucional e impulsar la dinámica del mercado: la cooperación público-privada, el apoyo a la eficiencia de las intervenciones públicas; el fomento de la participación del sector asegurador y reasegurador privado: los esquemas de exceso de siniestralidad y reducción de costos operativos de los seguros; así como la innovación y desarrollo de nuevos productos como los seguros paramétricos, que reducen costos de transacción, desarrollan modelos que utilizan de variables climáticas cuantitativas y relacionadas directamente con el riesgo a cubrir, y la medición de variables mediante el uso de estaciones meteorológicas e imágenes satelitales.

Puede descargar este artículo en PDF:

NOTA:Este artículo fue publicado en la Revista ALIDE
edición octubre-diciembre 2015.
 
 
 
 
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